martes, 27 de septiembre de 2011

EL PACTO POR EL EMPLEO



Ignacio Fernández Toxo ha puesto encima de la mesa una propuesta de enorme calado: el Pacto por el Empleo. Su objetivo es abordar el principal problema que tenemos, el desempleo de masas que en algunos sectores puede ser irreversible, cuya pista de solución gradual debe ser mediante un acuerdo que esté a la altura de la gravedad de dicho problema. Se trata de una propuesta de difícil (aunque no imposible) abordaje porque, al margen del sindicalismo confederal, no parece que nadie esté realmente interesado en la propuesta. Da grima que, hasta la presente, ninguna de las fuerzas políticas (de babor y estribor) hayan dicho ni mú ante la iniciativa del primer dirigente de Comisiones Obreras. Sorprendente es el mutismo de las izquierdas. Si algún candidato a las próximas elecciones ha dicho algo al respecto, me callo y le presento mis disculpas; en caso contrario deberían pensar que todavía están a tiempo de proponer lo que estimen conveniente.


La propuesta de Toxo, que es para el ahora mismo, tiene un primer desafío: configurar la literatura general y concreta de sus contenidos. El sólo enunciado no es, ni siquiera, una condición necesaria. Lo son –me excuso por la reiteración obvia-- los contenidos concretos. Que deben configurar, a mi entender, un articulado de planteamientos compatibles entre sí y, por lo tanto, estableciendo los vínculos entre los unos y los otros. Es decir, todas las variables que conforman el polinomio del pacto, incluidos los mecanismos de control itinerante de lo pactado.


Soy del parecer que mientras no aparezca articulación orgánica no existirá banderín de enganche así en el interior del sindicalismo confederal como hacia el resto de los sujetos sociales, políticos e institucionales. Así pues, lo urgente es pasar de la publicidad a la concreción motivada de esa propuesta. Téngase en cuenta que el mismo Toxo, tiempo ha, formuló una iniciativa similar cuando formuló el Pacto de Estado contra la crisis que también recibió una callada respuesta por parte de los romanos y los cartagineses. Sin embargo, la oferta de Toxo no estuvo acompañada de las necesarias concreciones, de lo que podríamos denominar proyecto orgánico. La posibilidad de que se abra paso la idea de Toxo guardará una relación directamente proporcional a la capacidad de concreción, al tránsito de la publicística a la fisicidad de su concreción. Sólo de esa manera, además, podrá concitar un respaldo de toda la familia sindical, capaz de distinguir que la cosa va en serio. Vamos, que no es un brindis al Sol.


Ponerse en serio querría decir, entre otras cosas, anunciar solemnemente que se ha creado el grupo de elaboración del proyecto. Que, en el reglamento de ese grupo, está la publicación de sus debates. Que se ha previsto, en definitiva, un itinerario de relación (información y debate) con todas las estructuras de la familia confederal.

ALEMANIA, FRANCIA, DINAMARCA, LETONIA ...




Las izquierdas están cosechando éxitos indudables en diversas contiendas electorales en las últimas semanas; sería insensato no ver los buenos resultados obtenidos en Dinamarca y Alemania, en Francia y Letonia. Primera conclusión provisional: algo se mueve en nuestro patio de vecindones. Quien no lo vea tiene unas portentosas legañas en los ojos. ¿Qué yo estoy echando las campanas al vuelo? Anda ya. Lo que no haré es minusvalorar –y, mucho menos, ignorar— lo que se está moviendo.


En el alma de la izquierda hay una tradicional patología: el sufrimiento compulsivo de su ciudad dormitorio. Se trata de un pathos enfermizo que le impide ver y, por tanto, analizar las novedades que surgen. Esa forma de ser de la gauche qui pleure es una desgraciada seña de identidad relativamente moderna. En cierta medida es, tal vez, un modo patriochiquero de ver las cosas: posiblemente es una visión de campanario.


Veamos, ¿debo seguir llorando como una Magdalena tras las nuevas enseñanzas que nos vienen de Alemania y Dinamarca, Francia y Letonia? ¿O debo brindar moderadamente por tales resultados? ¿Tengo que seguir haciendo pucheros o debo cavilar sobre esas buenas noticias? ¿Debo sumirme en aquel estado de ánimo sobre el que ya alertó Dante: “no hay mayor dolor que recordar el tiempo pasado estando en la miseria”? ¿O, por el contrario, asumir que, estando nosotros como estamos aquí en nuestra casa, necesito razonar sabiendo que, en el patio de vecinos, algo parece que va cambiando?


Por otra parte, ese estado de ánimo chuchurrío, que quiere decir mustio, tiene un efecto contagioso sobre las considerables bolsas de la izquierda submergida, porque no es capaz de transmitirle las señales de la necesidad de cambiar las cosas. Por ejemplo, si la izquierda que llora no observa las nuevas relaciones que se han establecido en Francia y Dinamarca, Alemania y Letonia será incapaz de movilizar esas amplias bolsas de abstención.


No me resigno a un desahogo personal. Tras la oceánica manifestación barcelonesa del famoso 14 de diciembre de 1988, el día de la gran huelga general y ciudadana, tuvimos que ir andando desde el centro de la ciudad a la periferia. Yo vivía en aquellos tiempos en La Sagrera: total que nos dimos una buena caminata. Mi vecino de escalera J* me dijo al despedirnos: “Lo que pasa es que nos falta unidad”. Sin pensármelo dos veces le espeté: “Tú eres un zanguango”. Me porté poco educadamente, pero el sujeto se lo merecía porque quería tener legañas en los ojos.


Que no está chupao el asunto, lo sé. Pero también soy del parecer de la enseñanza de aquel griego, Arquílaco, que afirmó: “Nada curo llorando…”, como reza el lema de este blog.

viernes, 23 de septiembre de 2011

ITALIA EN ACCIÓN: Una exclusiva de Gianni Bombaci



He esperado un poco antes de escribir estas breves notas, aguardando las movilizaciones e iniciativas de lucha realizadas (y futuras) de la CGIL. El escenario de finales de agosto y principios de setiembre ha sido bastante variable y “movido”, lo que dificulta hacer una completa lectura. Hasta hace pocos días no estaban claros los contenidos de la “manovra” de los Presupuestos, que había sido cambiada por lo menos cuatro veces: contradicciones internas en la mayoría, populismo, trucos en el presupuesto, extremismo en las algunas medidas, inserción arbitraria en la manovra de algunas partes que son extrañas a los problemas del Presupuesto han sido las causas principales de esta confusión y sus diversas reelaboraciones (1).


Las acciones que ha decidido la CGIL y la huelga general del 6 de septiembre han tenido no sólo un éxito más allá de lo esperado, también han contribuido a determinar las pocas novedades de la manovra presupuestaria, tales como las relativas a la decimotercera mensualidad de los empleados públicos y a las festividades civiles (25 de Abril, fiesta de la Liberación del nazifascismo, Primero de Mayo y 2 de Junio, fiesta de la República) que de manera odiosa se pretendía suprimir.


Las manifiestaciones que han acompañado la huelga han registrado una presencia extraordinaria, no vista en los cortejos y las calles desde hace por lo menos veinte años, de jóvenes, mujeres, pensionistas y también de un gran número de asociaciones, alcaldes, administradores de los Entes locales y representantes de las fuerzas políticas. Todo ello prueba que la CGIL no sólo no ha aparecido aislada en esta fase sino que ha visto crecer a su alrededor un nuevo esfuerzo y nuevos apoyos. Un viento nuevo, ésta es mi impresión, recorre el país. Existe una consciencia cada vez más extendida de que la manovra no sólo es profundamente inicua e irresponsable sino inútil como es ha acabado agudizando la pesadísima crisis económica y presupuestaria italiana. Es incapaz de diseñar políticas estructurales de desarrollo y crecimiento, y continúa golpeando a los trabajadores dependendientes y a los pensionistas, empeorando las perspectivas de empleo, del Sur del país, de los servicios públicos y el Estado de bienestar. Lo que a la CGIL le espanta es que, durante este año, se haga una ulterior “manovra” que corrija a peor la actual.


Tras la huelga general, el Gobierno cambia a peor la manovra económica: el iva pasa del 20 al 21 por ciento con el consecuente y previsible aumento de los precios y la inflación, mediante otro golpe a los consumos y otro freno al crecimiento del país atacando las rentas más bajas. Otro golpe a las pensiones y a las mujeres: la edad de jubilación de las mujeres aumentará a partir de 2014 y no de 2016. Se trastoca el sistema público de pensiones a través de medidas duras al universo de las mujeres. Es en conjunto una mofa: se introduce una supertasa del 3 por ciento sobre las rentas superiores a los 300.000 euros al año: una medida ineficaz, demoagógica y embustera, pues téngase en cuenta que en Italia son poquísimos los que declaran más de esa cifra al año.


La CGIL no está a la espera ni a enrocarse en el sí o no a los diversas decisiones de la mayoría del Gobierno. Ha avanzado sus propias propuestas para evitar la recesión económica y el declive civil del país mediante: un plan estructural de lucha contra la evasión fiscal; un impuesto extraordinario sobre los grandes inmuebles y un ordinario sobre las grandes fortunas; hacer pagar a los que nunca lo han hecho y a los que nunca pagan; reducir a la mitad el número de parlamentarios y una reorganización de las instituciones públicas; calificar los servicios públicos; valorizar el patrimonio público; defender las iniciativas y la autonomía contractual del sindicalismo; y tutelar los derechos de los minusválidos.


Las propuestas de la CGIL son serias, factibles y orientadas al reequilibrio de las cuentas públicas, capaces de relanzar el crecimiento, el desarrollo y el empleo. Son las propuestas de un sindicato responsable con el país, las trabajadoras y los trabajadores que miran el conjuunto de los intereses generales.


Con este objetivo, la CGIL se mueve ahora con los firmes pilares de la acción sindical. Continuidad de la movilización en la calle, recursos legales sobre algunos aspectos puntuales de la “manovra”, de evidente inconstitucionalidad, como la contribución de “solidaridad” previsto sólo para los empleados públicos, el todavía más odioso de la “tasa de las remesas de los inmigrantes” a las propias familias. Esta es una norma que ha querido la Lega de Bossi para dañar a los trabajadores inmigrantes que están en Italia, el han introducido en el artículo 9 de la “manovra” que presupone auténticos y reales guetos para las personas minusválidas, poniendo discriminaciones inaceptables e inciviles entre los trabajadores normadotados y los discapacitados.


En fin, entre la preparación de los recursos judiciales está la batalla contra el artículo 8 de la manovra. Es una disposición subversiva que tiene que ser suprimida antes que desquicie los principios que regulan los contratos de trabajo en Italia, mediante la previsión de excepciones, que habían sido pactadas con los sindicatos territoriales y sus contrapartes empresariales, enm los convenios colectivos y en las mismas leyes del Estado. CSIL y UIL han declarado que nunca se aprovecharán de este instrumento; pero ello, obviamente, no basta. Es inadmisible que se pueda aceptar un régimen que pueda violar las mismas leyes del Estado a partir del Estatuto de los Trabajadores (Statuto dei lavoratori).


Ahora están previstas tres citas de relieve: el sábado 15 de Octubre con una gran manifestación nacional en Roma de los empleados públicos, el profesorado de toda la enseñanza (incluido el universitario y la investigación); a primeros de noviembre una gran iniciativa de los jubilados contra todas las normas de la “manovra” que recortan las pensiones, los servicios socio-asistenciales y sanitarios; y a finales de año se realizará una gran manifestación nacional que tendrá como eje central el trabajo, el crecimiento y la salida de la crisis.


Por lo demás, hay otros dos aspectos que quiero comentar sumariamente. El primero es el cuadro político. Las conocidas (ahora, sí) maneras de este Gobierno y (todavía más) de su presidente, Berlusconi, están minando más que nunca la cada vez mayor falta de credibilidad de nuestro país y de nuestro futuro, particularmente en el exterior y también de los invocados mercados.


Para evitar que el euro y la Unión Europea (o lo que queda de ella) se desvanezcan en la nada, con impactos imprevisibles y desastrosos en la situación concreta de la ciudadanía y de los trabajadores, se necesitan actos concretos. Hoy, a pesar de las enormes dificultades e incertidumbres –y, no obstante, los intentos por parte de los Gobiernos en la defensa desde el primero hasta el último sus propios intereses nacionales— la urgencia de salvar el euro hace ganar cada vez más terreno a los temas de la emisión de eurobonos y la creación de una unión fiscal y política a partir de los países de la eurozona.


Desde Berlín a París empiezan a surgir indicaciones bastante claras con la voluntad de acelerar el proceso de unificación fiscal, económica y política. Hay quien piensa en diseñar un nuevo Tratado, paralelo al de Lisboa, entre los países que comparten el euro. El resto pertenece a la deriva intergubernamental, a la humillación del principio de la legitimidad democrática y a la marginalización o exclusión de países como Italia, aunque no sólo.



(1) La expresión “manovra” (un neologismo italiano) no admite una traducción fácil en la sintaxis parlamentaria española. Lo más cercano sería decreto del conjunto de medidas presupuestarias o de financiación (N. del E.)

jueves, 15 de septiembre de 2011

LA ZAHÚRDA DEL FRAUDE FISCAL




Por supuesto, la exigencia de una reforma fiscal es fundamental. Primero, por los principios de equidad; segundo, porque de ahí sale también el “forraje” para sufragar el Estado de bienestar. Esta es una batalla que, sin embargo, tiene una manifiesta discontinuidad pero, a mi entender, nunca fue un permanente hilo conductor (al menos de manera visible) en la línea de conducta de las izquierdas sociales y políticas. Presento mis disculpas, es como el Ave Fénix. Ahora todos estamos pendientes si el cántaro va a ir a la fuente con esa imposición a las fortunas de “los ricos”.


Sin embargo, todavía es más rara la exigencia de lucha contra el fraude fiscal. Hasta donde me llega la memoria, ni siquiera en el Parlamento ha preguntado a cuánto asciende el caballuno agujero del fraude fiscal. Por el amor de dios, no seamos tan zanguangos.


No me resisto a un desahogo que les pondrá los pelos de punta. Lo diré precavidamente, no sea que algunos quisquillosos me empapelen. Al grano: una tienda de cierta gran capital española, dedicada a la venta de togas y puñetas, cuando entrega tan señaladas prendas a los éforos de las distintas provincias de ese saber académico, pregunta al cliente: “¿Con o sin iva?”. No hace falta decir que se trata de una pregunta retórica.
Naturalmente, tales sisas son el chocolate del loro, pero ahí queda –queda ahí— la relación mercantil entre el eforazgo y el tendero.


miércoles, 14 de septiembre de 2011

SOBRE LOS LIBERADOS SINDICALES

Hay una ofensiva en toda la regla contra lo que se ha dado en llamar los “liberados sindicales”. Esta ofensiva tiene dos caras: una, de signo claramente autoritario; otra, que expresaría una tolerancia hacia tales cargos en clave de fastidio. La primera viene de quienes han fracasado en su reiterada intentona de convertir al sindicalismo en un sujeto subalterno. La segunda se expresa de manera bífida: no osan maldecir el sindicalismo en público, aunque en corrillos de allegados lo ponen como un pingo.


En mi modesto entender nunca el sindicalismo explicó razonadamente las razones de contar con una red amplia de los llamados liberados. Los sobreentendidos motivos parecen ser la noble aspiración a ser más fuertes, esto es, tener más instrumentos para la acción colectiva. No tengo dudas de que se trata de una explicación con fundamento. Pero se trataría de una argumentación necesaria, aunque no suficiente. Así pues, creo llegado el momento (aunque con mucho retraso) de pararse a pensar en la cuestión y proponer una justificación seria. El objetivo de este ejercicio de redacción no es otro que sugerir pistas y, ¿por qué no? un nuevo enfoque.


Lo primero: es muy difícil convencer a la derecha cavernosa de la necesidad y utilidad del sindicalismo, a no ser que se proponga un asociacionismo vicario de sus intereses. Cuando la praxis sindical expresa subalternidad, no hay problemas: se entiende que es un sujeto cooptado. Pero si ejerce su alteridad, a través de su independencia y autonomía, siempre se está añorando los tiempos en que Lord Mansfield, presidente del Tribunal Supremo del Reino Unido, declaró en el último tercio del siglo XVIII que los sindicatos “son conspiraciones criminales inherentemente y sin necesidad de que sus miembros lleven a cabo ninguna acción ilegal”. Ahora bien, que sea prácticamente imposible convencer a la caverna de la necesidad del hecho sindical no impide que el sindicalismo explique al público pacientemente su razón de existir y las consecuencias (en este caso, organizativas) de todo ello.


Yendo por lo derecho: la actividad sindical tiene la intención de tutelar, y tutela, al conjunto asalariado. Una actividad que se concreta en la dedicación militante de miles de personas.


Que, en los centros de trabajo privados y públicos, adquiere fisicidad con toda una serie de propuestas cotidianas así en el universo de la organización del trabajo como en la cuestión salarial. Por extensión, todo ello conlleva una mejora de la economía de cada país. ¿Cómo se compensaría, pues, esa aportación del sindicalismo a la vida general de cada país? Con más instrumentos para que, gradualmente, se amplíe la “riqueza de las naciones”. Los liberados sindicales son un instrumento más.


También fuera de los centros de trabajo podemos seguir con nuestro razonamiento. ¿Cómo se compensa la actividad de miles de personas que, proponiendo toda una serie de reformas cotidianas en los escenarios del Estado de bienestar, mejoran mutatis mutandi la vida de las personas y, por extensión, toda la economía, esto es, “la riqueza de las naciones”? Con más instrumentos. Richard Rorty se encontraría cómodo con esta filosofía pragmatista. Como puede verse no se trata de argumentaciones sofisticadas sino de utilidades generales.


No me resisto a contar una experiencia de hondo calado. En mi libro “Cuando hice las maletas” rendí homenaje a un chaval de catorce años. Le llamábamos Antoñito El Pestiñero, porque su padre hacía esos dulces que en Motril (de allí era esa familia) llaman pestiños y en Santa Fe conocíamos como borrachuelos. Al grano: Antoñito, harto de que su máquina (y la de sus compinches) hiciera estropicios en los dedos, ideó unos nuevos mecanismos para corregir tales desperfectos. La dirección de la empresa aceptó perpleja aquellas innovaciones tecnológicas del joven Antoñito. Pero ni siquiera le dieron las gracias, y por supuesto no le subieron la semanada ni un duro. La empresa ganó en rapidez y eficiencia, el botiquín no sufrió quebranto en vendas y esparadrapo, en mercromina y agua del Carmen. Antoñito siguió hablando a sus compinches de la guerra del Vietnam y silbaba, silbaba el incipit del Concierto de las dos trompetas de Vivaldi: la sintonía de Radio España Independiente, la legendaria Pirenaica. No sé si me explico … ¿Sería una exageración decir que el joven Pestiñero contribuyó a la eficiencia de la empresa y, por ende, a un menor coste de la Seguridad Social al reducir los accidentes de trabajo? Si no es así, dispensen ustedes por esta digresión que sólo es un desahogo personal.



Radio Parapanda.
Vivaldi: Concierto Dos Trompetas

domingo, 11 de septiembre de 2011

¿QUÉ TIPO DE CRISIS NOS AZOTA?

Homenaje a don Enrique Muñoz Arévalo (es la foto que se repite), alcalde-mártir de la ciudad de Santa Fe (Granada).






Hace tres años se iba a pique la Lehman Brothers sin que las avispadas agencias ni los operadores económicos hubieran caído, previamente, en el detalle. Este singular acontecimiento es el inicio formal de lo que se ha dado en llamar la crisis del 2008. Que ni siquiera fue intuida, aunque voces consideradas menores habían alertado de la cada vez mayor frecuencia y gravedad de la emergencia de las crisis.

Con todos los titubeos habidos y por haber me atrevo a sugerir una arriesgada hipótesis: lo que nos está ocurriendo, vale decir, esta tempestad inmisericorde, ¿es una crisis o la concatenación de diversas crisis superpuestas las unas a las otras? ¿Se trata, pues, de un epifenómeno? Dejo el asunto en manos de personas sesudas. Es necesario afinar más en el parte meteorológico


jueves, 8 de septiembre de 2011

¿CÓMO HAN IDO LAS MANIFESTACIONES CONTRA EL BODRIO CONSTITUCIONAL?




Tengo la impresión de que todavía no se ha valorado lo suficiente la movilización contra el bodrio cocinado por Anás y Caifás, vale decir, la reforma de la Constitución. Todo el mundo, en efecto, tiene el deseo de esperar más. Y, sin duda, los convocantes de las manifestaciones del día 6 tenían en sus previsiones un seguimiento mayor. De ahí que, pienso, más de uno haya tenido la impresión de que ha sido una presión no excesivamente lucida. Yo veo las cosas de otra manera. Como dice la canción antigua, “todos queremos más”. Pero…


Pero conviene retener algunas cuestiones: primero, la necesaria (y urgente) respuesta al comistrajo constitucional estaba sólo presente en las amplias élites de la izquierda, pero no en la carne y los huesos del público en general; segundo, tal vez no se ha establecido el suficiente vínculo entre la reforma y la cuestión social; tercero, vivimos unos momentos de movilizaciones sectoriales que (todavía) no cuentan con el suficiente hilo conductor entre ellas mismas y con el origen central que provoca tales presiones. Por otra parte, es de cajón que la urgente respuesta no podía demorarse, a menos que la opción (equivocada, entiendo yo) fuera movilizarse a toro pasado. En resumidas cuentas, los convocantes debían hacer (e hicieron) lo que correspondía, incluso con independencia de los resultados. Ahora bien, de este proceso conviene sacar algunas conclusiones, aunque sean de tanteo, en esta presión que sin duda será de largo recorrido.


Primero, la izquierda política –tras estas movilizaciones generales y sectoriales-- debe seguir buscando el mayor diapasón de unidad para concurrir a las elecciones del 20 de Noviembre. Segundo, tras el resultado de los comicios (sea cual fuere el resultado de los mismas) la izquierda debe conformar un pacto de unidad parlamentaria, buscando el mínimo común denominador. Tercero, la izquierda debe reproponerse como elemento central la cuestión social en todo su quehacer tanto en su acción convencional partidaria como en la actividad parlamentaria. Cuarto, debe ser así mismo un sujeto político capaz mediar entre las diversas exigencias de los diferentes movimientos.


Lo que quiere decir aproximadamente lo que sigue: la centralidad de todos esos trajines está en la calidad de nuestra democracia; la cuestión social no es un mero acompañante del carácter y la calidad de nuestro sistema. De ahí que todos deban compartir ese paradigma, gestionado en y por la diversidad de todos los sujetos políticos de la izquierda y los que están en la izquierda. En todo ello no caben los intereses patriochiqueros, ni los idiotismos de corporación.



domingo, 4 de septiembre de 2011

ELOGIO SIN ADJETIVOS DEL SINDICALISMO


Llevo unos cuantos días intentado refrescar mi vieja memoria. Provisionalmente he llegado a una primera conclusión: no recuerdo unos tiempos tan ajetreantes para el sindicalismo confederal como los actuales. Ni siquiera la primera etapa tras la recuperación de las libertades sindicales y políticas. Fueron tiempos de gran complicación, pues teníamos que simultanear la puesta en marcha de la arquitectura sindical, la negociación de los convenios en todos los ámbitos, las primeras elecciones sindicales y la celebración del Primer congreso. Pero, tengo para mí que la familia sindical lleva, por lo menos tres años, en una continua movilización mucho más complicada: la organización de la acción colectiva en tiempos de innovación-reestructuración de toda la economía en un contexto de globalización y de languidecimiento del proyecto político europeo; la crisis sistémica, aunque más bien parece un conjunto de crisis superpuestas, cosa que, de momento, dejo apuntado para una posterior (si soy capaz de ello) primera reflexión; la agresividad del neoliberalismo, y el contagio de éste en las políticas de lo que, tradicionalmente, algunos consideraban el “partido amigo”. Y, como sangriento volapié, la reforma autoritaria de la Constitución, en la que se han involucrado Anás y Caifás. Así pues, tiempos más convulsos que los de mis primeras épocas como sindicalista en libertad constitucional.


Todo lo anterior indica que nos encontramos en un momento de gran trascendencia, que no ha hecho más que empezar. Hablando en plata, estamos ante una operación de largo recorrido. Intuyo que, por ello, el sindicalismo confederal español es consciente de esa larga caminata. Los objetivos de la operación neoliberal se orientan, en mi pobre entender, a conseguir una nueva acumulación capitalista que, como al menos la primera, se vea libre de controles democráticos y con una substancial merma de poderes alternativos. Lo nuevo en esta situación es que el tradicionalmente considerado “partido amigo” ha cambiado de metabolismo y la “izquierda amiga” de antaño es claramente insuficiente para intermediar entre el movimiento de los trabajadores y el cuadro político-institucional. Así me parece que está el patio de vecinos.


Es inobjetable que el sindicalismo confederal se está confrontando contra ese paradigma. También lo hace un movimiento social, que todavía no es capaz de confluir –desde su diversidad-- con la organización más numerosa y estable, esto es, el sindicalismo. En tales condiciones, pedirle al sindicalismo que “haga más” me parece una evidente exageración. Que lo haga “mejor” podría ser una exigencia retórica.


Por lo general, la historiografía ha narrado en no pocas ocasiones les chansons de geste de los viejos movimientos sindicales. Ha hablado de cuando Lord Mansfield, presidente del Tribunal Supremo del Reino Unido, declaró en el último tercio del siglo XVIII que los sindicatos “son conspiraciones criminales inherentemente y sin necesidad de que sus miembros lleven a cabo ninguna acción ilegal”. Ha relatado el gigantesco movimiento de los cartistas; los combates de los wooblyes norteamericanos; las experiencias turinesas de los consejos de frábrica en los años veinte; los momentos insurrecciónales en París y Milán contra la ocupación alemana en las grandes empresas; el renacer del nuevo movimiento obrero en España a principios de los sesenta del siglo pasado. Pues bien, esa historiografía –necesitada también de ser expurgada de elementos mitómanos— se ha referido por lo general a las “vidas ejemplares” de los dirigentes de aquellas asociaciones, movimientos protosindicales y posteriormente el sindicalismo. Digamos que es así por la evidente imposibilidad de relatar el compromiso de millones de personas “de una pasta especial” que lo han dado todo por la emancipación. ¿A qué viene esta incursión en el ayer?


A lo siguiente: el compromiso firme del sindicalismo de nuestros días es la resultante de la pasión de centenares de miles de personas, de no importa qué edad y sexo. Pártase de ello si se quiere escribir –o mínimamente explicar— qué está pasando en el patio de vecinos de nuestros días.




Radio Parapanda. Dos locutores conspicuos hablan con fundamento para nuestros radioyentes:
NI POR LA FORMA NI POR LOS CONTENIDOS. NO A ESTA REFORMA DE LA CONSTITUCIÓN y La Europa que tenemos y la política para cambiarla Son mis sobrinos los profesores Aparicio Tovar y Baylos Grau. De parapandesa natio.

jueves, 1 de septiembre de 2011

LA COALICIÓN DE IZQUIERDAS




Antonio Gutiérrez cumplió con la palabra dada: votó en contra de la orden tajantemente explícita del Consejo de Administración. El resto, perinde ac cadaver, apretó el chisme votacional –o sea, la prolongación orgánica de sus intereses-- y, callando moralmente para siempre, siguó el dictado del manager, el presidente-director general. Todos ellos, por descontado, han arruinado las capacidades, reales o hipotéticas, de renovar su partido cuando la tarde languidece y renacen las sombras. Esto es algo que se deberá recordar cuando, una vez consumado el tránsito, aparezcan voces disfrazadas de aire fresco. Y, comoquiera que las sedicentes renovaciones están siempre vigiladas (e incluso autocensuradas) no parece vislumbrarse que ese sistema-empresa pueda dejar de ser lo que no ha querido ser.


Ahora bien, el 20 de Noviembre está a la vuelta de la esquina. Posiblemente el batacazo electoral del PSOE no será tan grave como lo anuncian los todólogos de diversa condición, pero será más contundente de lo que espera su sistema-empresa. Miles de accionistas serán desalojados de sus responsabilidades y se unirán a los que fueron desalojados en los anteriores comicios electorales. La inmensa mayoría de ellos no tendrán fácil acomodo, porque la mies es poca para tantos segadores. Digo y recuerdo que el 20 de Noviembre está al caer.


Mis predicciones, en base a las evoluciones anteriores son las siguientes: Izquierda Unida subirá, pero no como esperan sus dirigentes. Posiblemente, será la abstención –especialmente en la izquierda submergida-- quien se haga con el cretino beneficio de los desperfectos que ha provocado el Consejo de Administración. Cierto, lo que ha sucedido hasta la presente no tiene por qué volver a ocurrir. Pero ello está en la naturaleza de las cosas de la vida y de las evoluciones electorales. De ahí la necesidad de un revulsivo que pueda romper esa tradicional tendencia. Que, como hipótesis –que no es equivalente a certeza—abra la posibilidad de un resultado objetivamente digno para las izquierdas. Para las izquierdas que se hayan conjuntado, quiero decir.


Unos resultados levemente mejores de Izquierda Unida, tal como es ahora mismo, no bastarán. De manera que sólo queda organizar el revulsivo. Esto es, la más grande confluencia que la izquierda quiera y sea capaz de poner en marcha. Es decir, lo que aproximadamente plantea Gaspar Llamazares, una persona temperada cuya voz es necesaria en el panorama político. Si ello no se pone en marcha, es de cajón que sus responsables serán --por activa, pasiva y perifrástica— quienes asuman las consecuencias de su molicie y haraganería. Porque aquí lo que está en juego no es la supervivencia de tal o cual formación de izquierdas, sino las condiciones de vida de la gente y el peso real de las izquierdas: o, lo que es lo mismo, el carácter de nuestra democracia. Así es que … ¡ustedes dirán!